Abuso sexual infantil

Mentales

Además de ser un tema tabú que, sin embargo, se manifiesta con demasiada crudeza en la realidad y que resulta muy difícil de compartir entre los propios padres.

Los casos llegan a la consulta de los profesionales cuando los padres tienen miedo al pensar en que el abuso pueda estar ya ocurriendo. Hoy en día esto es un error ya que existen numerosos estudios que nos pueden dar las claves necesarias para que, tan temida exposición de los menores, no tenga que suceder nunca.

miedo-niños [1600x1200]Muchos progenitores, ante el miedo de que su hijo pueda estar siendo víctima de un abuso, optan por aislar al menor de su entorno social. Le prohíben cualquier tipo de contacto fuera de casa. Los padres no caen en la cuenta de que, en muchos casos, el abusador es una persona de confianza del entorno más cercano y aislando al menor sólo conseguirán reducir su círculo de confianza. De esta forma, se verán disminuidas las opciones que pueda tener el menor de desahogarse y contar lo que le está sucediendo.

Los progenitores que fomentan y educan a sus hijos en “guardar” una distancia en las relaciones sociales y que, además, practican esta distancia con sus hijos, están aumentando las probabilidades de que estos menores sean más vulnerables a un posible abuso. Actuando de esta forma, están diciéndoles a sus hijos que no existen personas de confianza a las que poder contarles nada, ni si quiera les dan la confianza para que puedan contárselo a ellos mismos.

Los menores pueden ser manipulados fácilmente por los adultos. De hecho muchos pederastas hacen creer a sus víctimas que han sido ellos, lo menores, los que han terminado seduciendo al adulto…

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Si el menor no recibe afecto de sus progenitores, puede que  termine creyendo que eso era una muestra de cariño por parte del adulto.

También hay ocasiones en las que el menor ha podido llegar a sentir cierta excitación después del acto sexual y esto les confunde aún más.

Se presenta un triángulo muy peligroso que puede hacer que el abuso se mantenga durante mucho tiempo: confusión + asco + placer.

En algunos casos, afortunadamente no en todos, es la madre la que pierde la perspectiva de la realidad y deja pasar el tema del abuso para evitar problemas y esto termina teniendo serias consecuencias para el menor.

Es de vital importancia que los progenitores eduquen a sus hijos dentro de la confianza y, al mismo tiempo, les hagan entender que hay zonas de su cuerpo que no deben ser tocadas, ni miradas por otras personas.

Los conceptos dentro de las Leyes sobre el abuso son diferentes en cada país, por este motivo debemos enseñar a los más pequeños a reconocer las señales de alarma en su propio cuerpo: si ha sentido miedo, fue un adulto el que abusó del él, se siente sucio, si se ha asustado,…

Podemos reconocer ciertos indicios que nos indican la posible existencia de abuso en un menor.

1-    Su conducta ha cambiado ya que manifiesta comportamientos sexuales que no son acordes a la edad que tiene.

2-    Padece de insomnio o tiene pesadillas durante la noche.

3-    Come menos que antes.

4-    Su comportamiento en clase ha empeorado, así como su rendimiento y sus calificaciones.

5-    Huye de la compañía de familiares o amigos o pasa mucho tiempo a solas con “ese adulto”

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Todos estos cambios no se deben a la separación de los padres, la muerte de un familiar, una enfermedad, cambio de colegio o vivienda,…

Muchos casos se complican con la llegada de la adolescencia. En esa etapa del desarrollo existen muchos sentimientos de vergüenza, de culpa, confusión, sobre todo, si llegaron a sentir placer en el acto sexual. Cuando el adolescente siente placer, confunde esta sensación con la aceptación y puede llegar a creer que fue él el que provocó el abuso.

Es necesario que los padres contengan sus reacciones emocionales ante la noticia de abuso. Una respuesta reactiva delante del menor, sobre todo si no existe mucha confianza entre hijo y progenitores, puede llevar al pequeño a no volver a confiar su “secreto”.

Ante cualquiera de estos síntomas los progenitores deben ponerse manos a la obra lo antes posible, siempre con la ayuda de un profesional.

El menor NUNCA es culpable en una situación de abuso. Es una víctima y, como tal, necesita la ayuda de un especialista y, sobre todo, el resguardo de su intimidad.

Fuente: Helena Gorostidi Zambrana

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