MIEDO Y ANSIEDAD

Somos seres emocionales y, como parte de esta naturaleza, el miedo se produce como respuesta sana y adaptativa frente a un peligro, o una amenaza real, necesario a su vez para salvaguardar nuestra seguridad física y psíquica

El miedo nos advierte de una amenaza inminente y de la necesidad de llevar a cabo una acción defensiva. Prepara al organismo para la respuesta ante esos peligros que amenazan nuestra vida, ante una emergencia,…

Pero este miedo puede llegar a ser maladaptativo cuando se produce ante una situación no amenazante o neutral y que nosotros percibimos como potencialmente peligrosa.

A la hora de distinguir el miedo de la ansiedad, diremos que, esta última, es un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológico, afectivo y cognitivo, que se activa al prever sucesos o situaciones que se ven hostiles, ya que se perciben como algo incontrolable que puede amenazar nuestra vida.

Pongamos un ejemplo para entender mejor la diferencia entre miedo y ansiedad:

Imaginemos una persona que sufre trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y que, constantemente, realiza actos compulsivos de comprobación (comprueba compulsivamente que ha apagado las luces de casa, que ha apagado los fuegos de la cocina, que ha cerrado la puerta de casa,…), así como lavados compulsivos,…

Si tomamos como ejemplo los lavados compulsivos, esta persona  estará siempre hipervigilante ante la posibilidad de entrar en contacto con algún tipo de contaminante peligroso. Por ello, evitará situaciones u objetos que vea como una posibilidad de contaminación. Estará en un estado de alerta constante, se sentirá nervioso y aprensivo ante las dudas de una posible contaminación:

“¿Qué pasará si me contamino?”

Y es, este estado cognitivo-conductual-fisiológico, el que describe la ansiedad. Si, por ejemplo, esta persona con TOC entra en un servicio público y se encuentra con una mancha en el suelo, toca el pomo de la puerta,… inmediatamente va a sentir miedo, que es, precisamente, la percepción de un peligro próximo.

“He tocado el pomo de la puerta y otra persona enferma ha podido tocarlo antes que yo… me va a contagiar…”

Así, podemos describir esa respuesta inmediata como ”miedo” y el estado negativo prácticamente constante como “ansiedad”.

Para finalizar diremos que un nivel óptimo de ansiedad, es adaptativo para el individuo ya que nos permite estar alerta, aportando un nivel perfecto de motivación para afrontar diferentes situaciones.

Nuestro organismo está diseñado para percibir las señales del mundo que nos rodea a través de los sentidos, procesándolas en nuestro cerebro para, después, poder reaccionar adecuadamente.

Si la situación percibida es de peligro, nuestro cuerpo se prepara como sabe para huir de esa situación, para ponernos a salvo.

En cambio la ansiedad es negativa cuando nos bloquea y nos impide sacarle gratificación a la vida.

Se produce como resultado de dificultades a la hora de adaptarnos a los cambios que se producen en la vida y se va generalizando a diferentes estímulos y situaciones de nuestro día a día, llegando a ser uno de los trastornos más incapacitantes para el ser humano.

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