Sindrome post-vacacional

Mentales

Las vacaciones son, para muchos, los días más esperados a lo largo de todo el año y, cuando se acaban, la vuelta al trabajo puede convertirse en un verdadero trauma.

El llamado y temido síndrome post-vacacional, también conocido como depresión o estrés post-vacacional, hace referencia a la ansiedad o presión emocional que sentimos en la reincorporación laboral después de un periodo vacacional o de descanso. Es un proceso adaptativo a la vida laboral tras las vacaciones y, esta adaptación, para muchas personas resulta complicada y difícil.

No existe acuerdo dentro de la sociedad científica a la hora de definir exactamente el concepto, pero parece que tiene relación con el sentido negativo, de obligación y sacrificio que le damos al entorno laboral. De hecho, está comprobado que en las sociedades en las que se considera el trabajo como algo digno para el ser humano, positivo y con sentido por sí mismo, el síndrome post vacacional apenas existe.

El síndrome post vacacional se produce porque la readaptación a la vida laboral después del periodo vacacional supone cambios en los horarios, en las actividades, en las obligaciones, en definitiva, cambios en el estilo de vida. Todo ello conforma un proceso adaptativo normal, pero en muchos casos puede llegar a convertirse en algo demasiado negativo e intenso, provocando verdaderas molestias psicológicas emocionales y/o físicas.

Pero no para todo el mundo esta reincorporación laboral supone emociones negativas. Muchas personas ven esta readaptación como algo positivo ya que supone “volver al orden” que tan necesario es. Así, regresan a la actividad laboral con ganas e ilusión, sobre todo cuando esa actividad es grata, se entiende como algo positivo, ineludible y se compone de tareas creativas, donde pueden desarrollar relaciones sociales satisfactorias.

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Pero en los casos en lo que esa “vuelta a la realidad” supone demasiada presión, se pueden llegar a generar verdaderos casos de estrés agudo, con todas sus manifestaciones emocionales, del comportamiento y físicas que lo caracterizan: ansiedad, depresión, disminución del rendimiento, malestar, ansiedad, palpitaciones, sudoración, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, temblores, presión torácica, cambios  de humor,… Todos estos síntomas y signos de estrés los padecen con mayor asiduidad las mujeres, probablemente por tener que desarrollar actividades en un entorno socio-familiar de mayor presión.

Si todos estos cambios adaptativos persisten más allá de unos días, puede aparecer un caso de ansiedad generalizada o estrés crónico con una sintomatología específica. En este caso debemos acudir a un especialista e iniciar el tratamiento adecuado.

En realidad muy pocos casos de síndrome post-vacacional necesitan tratamiento profesional médico o psicológico.

Para ir superando las molestias que puede causar esa “vuelta a la normalidad”, ese primer encontronazo con el mundo laboral después del merecido periodo vacacional, podéis seguir estos sencillos consejos:

  • Programar el regreso a casa de manera anticipada y relajada.
  • Para prevenir esas emociones negativas, es recomendable no volver de las vacaciones justo el día anterior a la vuelta al trabajo. Es preferible planear ese regreso unos días antes para ir “aclimatándonos” a ese retorno laboral.
  • Dormir lo necesario. Intentar dormir unas ocho horas al día, no acostarse tarde y tratar de realizar actividades relajantes antes de dormir.
  • Al llegar el primer día al puesto de trabajo, compartir e intercambiar experiencias vacacionales con los compañeros. Esto ayuda a crear un buen ambiente de inicio laboral.
  • Son recomendables las reuniones de inicio de ciclo o temporada en las que quedan definidos los objetivos, las expectativas individuales o de equipo, los medios para poder alcanzar lo establecido,… en este nuevo periodo que da comienzo.
  •  En la medida en la que se pueda, comenzar la actividad laboral de forma gradual, de menor a mayor intensidad, tratando de empezar por las tareas menos tediosas.
  • No “llevarse el trabajo a casa”.
  • Seleccionar las actividades más importantes y aprender a delegar en los demás.
  • Intentar plantear los problemas laborales del modo más simple posible, prescindiendo de los detalles y sopesando la esencia para encontrar las soluciones.
  • Halagar el trabajo bien hecho de las personas que nos rodean. Tan importante es destacar las áreas de mejora, como los logros conseguidos. Tratar de corregir los errores cometidos por los demás de forma sutil pero firme.
  • Aprovechar los tiempos de descanso para realizar alguna actividad agradable, pasar tiempo con la familia, con los amigos, buscar ambientes agradables,…
  • Mantener unos horarios regulares tanto durante el día, como en las horas de acostarse y levantarse.
  • Practicar ejercicio físico moderado.
  • Tratar de mantener una actitud realista y positiva. Evitar pensamientos erróneos, negativos e irracionales.
  • Aprender a relajarse. Si no sabes cómo, trata de informarte con los profesionales adecuados. Poner en práctica la respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva,… es muy positivo.
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Recuerda que con una sonrisa se pueden cambiar muchas cosas. Ir al trabajo con una actitud positiva y con ganas de crear y envolverte en un buen ambiente laboral te hará más fácil la vuelta al trabajo.

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Fuente: Helena Gorostidi Zambrana

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